La hora de la Política

                                                    Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo (1819-1823).jpg

Con un desempleo superior al de Estados en postguerra, con más de la mitad de los jóvenes sin trabajo ni futuro, con familias que son expulsadas violentamente de sus casas por deudas leoninas contraídas en la “esplendorosa” época de la gran estafa inmobiliaria, con millones de ahorradores que han perdido los ahorros de toda su vida a manos de banqueros sin escrúpulos, con miles de personas que rebuscan en los contenedores un trozo de pan o comida caducada y comedores sociales abarrotados, con innumerables pensionistas que ayudan a sus hijos y nietos a “llegar a fin de mes”, con niños que presentan síntomas de malnutrición en las escuelas, con una educación a la cola de la OCDE, con división territorial y riesgo inminente de secesión y la pretendida vuelta por algunos a los reinos de taifas, con recortes sobre recortes y más recortes, con pérdida de derechos de toda índole, con una corrupción política como para escribir varias enciclopedias de “El padrino”,con cierre de empresas y esclavismo laboral generalizado, con el regreso al petate de miles de ciudadanos que, con lágrimas en los ojos, emigran y lo hacen para no volver jamás, con revueltas sociales por doquier, con hambre, con miseria y con dolor.

Personas con la mirada perdida. Ciudadanos sin esperanza.

La ciudadanía se encuentra bajo la atenta mirada del “régimen”, la casta política oligárquica, aquella que gobierna la pseudodemocracia o partitocracia de nuestro moderno “Estado de Derecho” en una Europa ni siquiera legitimada en las urnas directamente, pese a la trascendencia de las decisiones que toma.

El Estado huele a mierda. La democracia tiene gangrena y está herida de muerte.

Así podría empezar una novela del género apocalíptico tipo “Mad Max”, pero por desgracia la realidad supera claramente la ficción y es la realidad con la que nos ha tocado levantarnos todas las mañanas. Evidentemente no hay que ser analista del “New York Times” para reconocer al instante que nos referimos a nuestra España querida, aquella España otrora alumno aventajado del club europeo, la del trío de las Azores o la del milagro económico; la que construía más ladrillo de toda Europa; sí, la misma de la “champions league de la economía” o la del pleno empleo y la que ahora parece haberse convertido en el patito feo que asoma todas sus vergüenzas, sufriendo una suerte de metamorfosis inversa.

Ante la actual coyuntura de crisis económica, política, social, de valores, etc, en definitiva, crisis sistémica que ya venimos sufriendo hace unos cuantos años y que, salvo que se abran los mares o el cielo se vuelva de color rojo y lluevan del cielo políticos honestos como una plaga de langostas, va a seguir con nosotros para quedarse un largo tiempo.

Ante esta situación dantesca ¿En qué piensan nuestros gobernantes? ¿Qué medidas están adoptando? ¿Buscan soluciones constructivas? ¿Realmente pensarán en algo que no sea en mantener su estatus señorial? La respuesta es muy sencilla: Nada. No hacen ni piensan absolutamente en nada que no sea en ellos mismos y en alimentar su enorme ego porque es eso lo que les importamos: nada. Y como nada les importamos cual víboras que miran a sus crías antes de devorarlas, en eso sea, quizá, en lo único que piensen al mirarnos a los ojos, en devorar como las víboras que son todo atisbo ciudadano de esperanza, ilusión o fe en el futuro.

Sin duda alguna, si Goya viviera hoy entre nosotros el cuadro que pintaría sería el mismo que ya pintó en el XIX, el de Saturno devorando a su hijo, en este caso, el poder fáctico establecido por la casta dominante devorando los estertores de la democracia.

En un caldo de cultivo similar al actual, tras la Gran Depresión (la del 29) con quiebra de bancos y millones de personas perdiendo sus empleos, ascendió al poder uno de los mayores criminales de la Historia: Hitler. Unos años después, nos encontramos ante la tormenta perfecta, capaz de hacer surgir a un monstruo de estas características si las cosas no cambian; espero equivocarme completamente.

Pero como ciudadano iluso que soy, defensor de una democracia real, espero que esta casta política tome conciencia de una vez por todas del sufrimiento de tantos ciudadanos y tengo esperanza de que, por lo menos, aprendieran a leer en su infancia y confío en que les enseñaran el significado de la palabra empatía, porque si de algo carecen, es precisamente de eso, entre otras muchas cosas claro. Pero espero que todavía les quede un poco de decencia y si alguna vez creyeron en la palabra dada a los ciudadanos cuando juraron la Constitución, comiencen a hacer su trabajo, es decir, a hacer Política, pero en mayúsculas, porque la situación lo requiere urgentemente.

Y hacer POLÍTICA en mayúsculas, es más bien lo contrario a lo que han venido haciendo hasta ahora los políticos minúsculos de todos los colores. Hacer Política en mayúsculas requiere de esfuerzo y de ciertas reformas en diversos sectores no sólo económicos que requieren ser debatidas por todos (ciudadanos, empresas, trabajadores, universidades, filósofos, poetas y niños), retomando el espíritu de los Pactos de la Moncloa pero con mucho más calado, ya que la situación es, a todas luces, infinitamente más grave y compleja que entonces.

Es la hora de un gran Pacto de Estado por la Democracia, por nuestra gran Nación española y por los ciudadanos. Es la hora de hacer POLÍTICA.

José Carlos Martínez
Soñador

Toda sociedad en la que no esté asegurada la garantía de los derechos de los ciudadanos y la separación de poderes carece de Constitución.
Declaración de los Derechos del hombre y del Ciudadano de 1789.

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